sábado, 31 de marzo de 2012

EL HOGAR

Ya estamos instalados en la casa nueva. Lo de nuevo es por la novedad en nuestras vidas, porque la casa tiene un siglo y medio de antigüedad, bien conservada en estructura y construcción.

¿Primera impresión? Deduzco que debió de ser en sus mejores tiempos un edificio señorial y bueno, actualmente la gente que habita en el edificio son de clase media. La entrada al edificio tiene como unos siete u ocho peldaños de escalones de mármol, vestidos con una gran alfombra roja y flanqueados por dos barandillas doradas, así como decorados Con aspidistras muy bien cuidadas por cierto por el portero, el cual se encarga también del jardín que hay en el interior. Por dicha escalera se sube a lo que es la planta baja que es donde esta mi casa.

Según entré en ella, lo que noté fue un fuerte olor a rancio, a antiguo… me pregunté si podría dormir esa noche… justo al entrar tres escalones, (bien para mis rodillas maltrechas, procuraré no frecuentarlos) un pasillo largo que hace una “L” invertida y a la izquierda el comedor-sala de estar, a continuación el dormitorio principal, de frente una especie de trastero, la cocina y el baño. El segundo dormitorio queda a la izquierda del pasillo. Es un espacio amplio, muy amplio con enormes armarios en los dormitorios, una cocina completamente amueblada con encimera de mármol y el baño recién reformado, (menos mal porque hasta hace un par de meses estaba como cuando construyeron la casa). Los muebles en el salón se componen de dos sofás, dos muebles de rinconera, una mesa redonda y otra bajita que es donde hemos puesto la tele. Todos los muebles son antiguos, sobre todo en el dormitorio me parece estar en un dormitorio de la serie “el secreto de puente viejo” jajajaja.

El dormitorio principal tiene una cama estándar, es decir de 1,60 m. me pierdo en ella y ya es difícil que yo me pierda con lo que abulto… echo de menos mi cama de 1,35 mas pequeña pero es sencillamente mia, echo de menos todas mis cosas, todo lo que en casa no te parece importante, como por ejemplo el olor de tu suavizante habitual, tus cacharros de cocina, tu aspiradora… pero sobre todo echo de menos a mi gente, a mi perro y sobre todas las cosas a mis hijos. Cada minuto que pasa hay algo que me recuerda a esta o aquella amiga, a mi madre… cualquier cosa por banal que sea, me recuerda a España.

El otro dormitorio tiene dos camas pequeñas, pero además hay otro par de camas plegadas por la casa, asi es que casi puedo montar una casa de huéspedes al ladito del Vaticano. ¿Quién da más? Estoy a trescientos metros del Vaticano.

Aún no he podido hacer turismo, tengo los pies redondos de caminar, pero todo es para gestionar documentación, tarea que resulta algo complicada pues los temas burocráticos van bastante lentos.

A pesar de toda la morriña que siento, estoy contenta, estoy con mi marido y eso es ¡¡¡mucho!!! A veces me debe ver ensimismada y pensará que no estoy a gusto y la otra tarde me ofreció irme unos días a España, cosa a lo que por supuesto me he negado. Por mucho que eche de menos España, llevo mucho tiempo echándole de menos a él y ahora voy a saborear cada momento que esté con él, ya sea en Roma, en la India o en Pekín. Además, ¿Qué va a hacer sin mí en Roma? Con quién va a hablar en castellano? Jejejeje. Aunque eche de menos a mucha gente, hay algo muy importante en este momento y es el volver a rencontrarme con mi marido, con nuestra vida en común y eso es agradable, muy agradable y a la vuelta de la esquina, está mayo e iremos a darnos una vuelta por Madrid.

Mientras tanto, iré limpiando esta casa, dejando mi esencia en cada rincón y convirtiéndola en mi hogar italiano, porque los hogares no están hechos, los tenemos que ir haciendo nosotros con nuestras manos y nuestro corazón y yo voy a ir preparando esta casa para que pronto sea ese hogar en el que recibir a mis hijos y a todo el que quiera venir a vernos y conocer Roma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario